Alfredo Baroni, del IDR: “se está analizando si conviene o no hacer una estimación de cosecha para este año que viene”
Julio 13, 2009
Mendoza, Argentina. Así lo afirmó a PortalOlivicola.com Alfredo Baroni, encargado del Sector Frutícola del IDR. Y agregó, “una estimación de cosecha hecha a ojo es diferente a que el Estado o el IDR la realice basándose en un método objetivo”.
Por Sofía Gainza. sgainza@portalolivicola.com
¿De qué manera el Instituto de Desarrollo Rural (IDR) está trabajando o va a trabajar en el sector olivícola?
En la parte frutícola o de cultivos perennes, el IDR siempre se ha especializado en dos ramas muy grandes: la generación de información de tipo estadístico y la gestión y ejecución de planes estratégicos sectoriales.
Desde lo que es la información estadística, el IDR tiene una trayectoria muy fuerte en lo que es estimaciones de cosecha. Desde hace 10 años a la fecha se han venido realizando estimaciones para diversas industrias y hace 2 años se incorporó ese esquema a la cereza y está la idea también de incorporar al olivo.
Desde hace algunos años se está perfeccionando esa herramienta, incluso hay un proyecto con el CFI (Consejo Federal de Inversiones) para tratar de ajustar esa herramienta, porque una estimación de cosecha hecha a ojo es diferente a que el Estado o el IDR la realice basándose en un método objetivo, lo que implica contar, medir y hacer una serie de procesos y cálculos matemáticos. Entonces, hemos tenido que ajustar herramientas para que se pudieran medir las aceitunas de manera práctica y viable.
Tampoco habían demasiados antecedentes en esto, por lo que había que ser muy claros. Países con olivicultura está el caso de España y otros lugares en donde el cultivo es, fundamentalmente, del tipo de secano; con las características que tenemos en Mendoza no se da ni en todo el mundo ni en todo el país. Por lo tanto, hay que ajustar la metodología a las condiciones locales, lo que nos llevó 2 o 3 años.
En la actualidad disponemos de un método que permitiría hacer estimaciones de cosecha con una precisión estadística confiable. El principal problema es que esa herramienta está ajustada para la variedad Arauco y a las condiciones de Mendoza, pero Mendoza hoy es la cuarta provincia productora del país. Entonces, la realidad es que hacer una estimación de cosecha a nivel de una provincia que hoy es la cuarta a nivel nacional y para una variedad sería peligroso desde el punto de vista del mercado, porque como es la única información real que existe el mercado lo podía interpretar como que “este año va haber menos aceituna o este año va haber más aceituna porque lo dice la gente de Mendoza en la variedad arauco” y, tal vez, eso se compensa con lo que producen las otras provincias y el sentido total de la cosecha es otro.
Desde ese punto de vista se está analizando si conviene o no hacer una estimación de cosecha para este año que viene o si conviene seguir ajustando las herramientas para, a partir del año que viene, realizar una estimación de cosecha a nivel provincial que incluya a la variedad arbequina y a la variedad peltre, que son las más importantes que tenemos en montes nuevos. Lo ideal sería que esto fuese hecho a nivel nacional, pero las otras provincias están mucho menos desarrolladas que Mendoza.
Otro problema es que, estadísticamente, las cifras que hay de superficie responden al último censo agropecuario que es del 2002, hace mucho tiempo. En el 2008 se hizo un nuevo censo agropecuario cuyos resultados no están aún disponibles, ya que normalmente los censos tardan 2 años desde que se hacen hasta que se conocen las cifras. Además, tienen el inconveniente adicional que todos los censos agropecuarios están hechos para censar fundamentalmente cultivos extensivos de la Pampa Húmeda. Entonces, como el concepto inicial es ese, no se pone especial énfasis en determinar lo que para nosotros sería importante en un olivo como, por ejemplo, las variedades que se están empleando, la edad de los montes, el marco de plantación. Ese tipo de cosas no se preguntan porque lo que importa son las grandes características.
¿Piensan realizar un Censo específicamente Olivícola?
La idea está. De hecho el IDR lo ha presupuestado y, en teoría, se está gestionando el financiamiento. Desde el punto de vista operativo, la idea es empezar con las reuniones previas para salir en un mes más, aproximadamente, a campo.
La idea está porque, si bien el olivo es sumamente estable, el panorama ha cambiado muchísimo en los últimos años y eso no está reflejado prácticamente en ningún lado.
El tema de saber las variedades se hace por muestreos sobre la base del Censo Agropecuario que es del año 2002, estamos hablando de datos sumamente tomados con pinza.
Por otro lado, tenemos el inconveniente de que si es un censo agropecuario tiene alrededor de 3000 productores inscriptos mientras que el RUT (Registro Único de la Tierra) tiene alrededor de 6000 productores inscriptos. Entonces, tenemos el doble de diferencia, por lo que dentro de esos límites es sumamente difícil hacer cualquier esquema de política pública o privada. O sea, una cosa es cuando a mi me toca presupuestar un censo olivícola con 3000 productores y otra cosa es cuando son 6000 productores, la diferencia es muy grande.
Esos son los problemas que tiene el olivo, que no hay una base de datos de información muy confiable; pero está previsto hacerlo. Esas son, fundamentalmente, las herramientas más grandes que se tienen desde el IDR para implementar en el sector olivícola.
A nivel nacional, ¿qué herramientas existen?
Durante muchos años se trabajó, sobre todo a través del CFI, para elaborar un Plan Estratégico Olivícola (POA 2020) a nivel nacional. Este Plan contemplaba la opinión de casi todas las provincias productoras y en la etapa final fue objetado por algunas de las instituciones que formaban parte porque no contemplaba algunas cosas.
Eso hizo que a nivel nacional no haya un Plan Estratégico Olivícola ejecutándose. Nosotros, por ejemplo, habíamos propuesto a nivel nacional dentro de ese Plan Estratégico hacer estimaciones de cosecha para todas las provincias. Eso no se está ejecutando actualmente.
A nivel provincial, se trabajó en algunas herramientas para hacer un Plan Estratégico Olivícola. Pero hubo diferencias, en su momento no había una institución que contemplase ni a los productores ni a los industriales olivícolas. Se empezó a trabajar y se armó una Cámara que, luego, se escindió en 2; de modo que eso hizo mucho más difícil tratar de coordinar un Plan Estratégico para el sector. Si le sumamos a eso que hay una coyuntura bastante difícil, incluso para los sectores más consolidados como el del durazno, hace que cueste mucho más pensar y mirar para el futuro; o sea, hoy por hoy todo el mundo está pensando cómo se salva de este año, por lo que se dificulta que la gente visualice de acá al 2020.
A grandes rasgos, ¿cuáles son los lineamientos del Plan Estratégico Olivícola?
En su momento se presentaron distintas alternativas. El Plan Estratégico Olivícola contemplaba desde cuestiones tecnológicas hasta cuestiones de tipo social.
En las primeras estaba la idea de hacer un Panel de Cata, que se está ejecutando por Mendoza Productiva y la Facultad de Ciencias Agrarias (UNCuyo) y las estimaciones de cosecha. Había toda una serie de investigaciones que apuntaban hacia lo tecnológico.
Por otro lado, había una serie de cuestiones como, por ejemplo, la participación de Argentina dentro del Comité Olivícola Internacional (COI) y los parámetros que se debían tomar.
Todos los planes contemplan una cuestión de tipo social y una de tipo productiva, mejorar los rendimientos, posicionarse en el mercado con una marca más fuerte. Pero, en realidad, Planes Estratégicos consolidados, aprobados y avalados por todo el sector no hay ninguno actualmente. Esa es la realidad hoy por hoy. El CFI, después de que hizo el intento de presentar este plan hace un año atrás y ante el contexto actual que es bastante cambiante y poco futurista, paró un poco la pelota y, a nivel local, también.
¿Por qué resulta necesario elaborar un Plan Estratégico Olivícola?
En primer lugar, el Plan Estratégico Olivícola da una imagen país que hoy no tenemos como provincia. Hoy por hoy, Mendoza tiene sus características especiales, tiene aceitunas y aceites muy buenos; pero muy pocos reconocen a nivel internacional a Mendoza sino a Argentina.
Ir con una visión muy sectorialista no contribuye a que en el mundo te reconozcan. Eso aunque no parezca es muy importante: hay países que, por sus condiciones, producen a granel grandes volúmenes y, en el extremo opuesto, otros países producen aceite de calidad diferenciado con denominación de origen, con mucho valor agregado que hacen que se pueda comercializar de otra forma. Cada uno tiene su negocio y Argentina tiene que, también, tomar posición.
Argentina tiene, por un lado, una olivicultura muy tradicional y, por el otro, tiene olivos intensivos, donde la idea fundamental es el concepto de volumen más que el de calidad. Creo que es una cuestión que tiene que definirse muy seriamente, Argentina tiene que decidir cómo se va a posicionar.
A su criterio, ¿qué posición es más adecuada?
Son dos realidades muy diferentes. Tal vez en un mercado que está en plena expansión conviene hacer volúmenes, tratar de llegar con mayor cantidad aunque sea a un menor precio. En un mercado como el actual, con la crisis que ha habido en el último año, tal vez el que logra posicionarse mejor es el que tiene un segmento ya ganado, va a tener que perder un gran margen de rentabilidad pero que no va a tener que cortar directamente sus ventas.
Depende de la realidad a la cual se apunte. Si uno se plantea exportar a Brasil, que es uno de nuestros principales clientes, allí no hay mucho prejuicio en cuanto a la calidad, por lo que no se justifica que nos rompamos la cabeza haciendo un producto con denominación de origen controlada y muchos detalles.
Si, por otro lado, vamos a exportar a Japón, el esfuerzo lo vale. En eso va, también, una cuestión de estrategia país, es decir, si vamos a exportar a Japón hagamos un tratado de comercio que permita llegar en otra posición arancelaria, con otra ventaja, cosa que está haciendo Chile.
Creo que lo que, fundamentalmente, da un Plan Estratégico Olivícola es una estrategia a nivel país, ir todos para el mismo lado. De los dos escenarios no sé cuál es mejor, creo que son realidades distintas que dependen de lo que se quieran plantear todos los productores.
En mi opinión, hoy por hoy ninguna de las empresas locales o muy pocas tienen una posición ganada en el mercado internacional, por tanto no sé si tiene sentido ir a pelearle al aceite de Módema con la Denominación de Aceite Maipú. Para mi es un esfuerzo muy grande tratar de insertarse en ese mercado, tal vez valga la pena pero hoy no estamos en condiciones para salir hacer ese esfuerzo tan grande y menos en un mercado que se está contrayendo.
Desde instituciones como IDR, ¿qué considera necesario implementar para potenciar la producción?
Para mi lo principal es saber dónde estamos parados, por eso la idea de hacer el Censo Olivícola para tener una idea clara. Pero este censo no debería ser sólo de Mendoza sino a nivel país. Si no hay una estrategia a nivel país vamos a tener una realidad parcial de un segmento y no vamos a trascender.
Primero es eso, saber dónde estamos parados con buen censo para el sector olivícola, con buenas herramientas de estimación. Segundo, lo del Plan Estratégico, pero insisto a nivel nacional. Sería una herramienta fundamental para empezar a desarrollarse.
Fuente: www.portalolivicola.com




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